Juana Sierra llevaba una vida cotidiana estable y organizada junto a su familia. Sin embargo, diversas situaciones y crisis en el matrimonio desembocaron en el divorcio. A partir de ese momento, comenzó una pesadilla impensada para ella y su entorno: tanto Juana como sus hijos y un reducido círculo familiar empezaron a recibir incontables mensajes anónimos a través de distintas redes sociales y WhatsApp. Los textos contenían una fuerte connotación sexual, un tono sumamente agresivo, saña y un constante hostigamiento
Lejos de limitarse a la exposición de una experiencia traumática, Soreta! se presenta como el testimonio de una profunda transformación personal y emocional. Tras hacer pública su denuncia judicial e iniciar un complejo proceso familiar, la abogada y magíster en políticas públicas Juana Sierra encuentra en la escritura una vía indispensable para pausar la vorágine cotidiana y despojarse de culpas o vergüenzas ajenas.
Con una rigurosidad cronológica y la sensibilidad de su vivencia como madre, la autora recorre senderos incómodos para desmitificar el dolor y perder el miedo.

¿Por qué decidiste escribir el libro?
Al poco tiempo de denunciar a Mario y que este drama familiar se conociera abiertamente, sentí la necesidad personal de entender, de intentar identificar qué hice y, peor aún, dónde estuve cuando todo esto comenzó. Una amiga me propuso que escribiera, que intentara volcar toda la información que tenía en la cabeza para revisitarla desde otro lugar. El primer intento fue caótico, desesperado. En menos de un mes llevaba escritas más de cien páginas. Eran fragmentos de historia contados vorazmente, desordenadamente, entonces paré, lo abandoné. Entendí que ese primer intento debía reescribirse una y otra vez, hasta que tuviera sentido, sobre todo para mí. Pasaron los meses y a esas cien páginas se le agregaron cien más, y así fui a buscar mi historia. Cuando llegué a ese punto, me dije: voy a escribir un libro.
¿Con qué sentimientos te encontraste al momento de plasmar por escrito todo lo vivido estos años?
Tomé mis momentos de escritura para escucharme sin juzgarme, sin castigarme. Escribir fue como bucear en cavernas oscuras, pasar por lugares incómodos, donde por momentos me costaba respirar, para identificar recuerdos ocultos, mencionarlos, describirlos y con eso desmitificar toda culpa, remordimiento, dolor e inclusive vergüenza por hechos que no son propios y de los que no soy cómplice. Eso me ayudó a cicatrizar las heridas y me cambió la vida.
¿De qué manera la escritura se transformó en una herramienta de memoria y reconstrucción personal?
Los tiempos de escritura bajaron la velocidad de mis días, porque comenzaron a aparecer respuestas que saciaron la ansiedad que me dominaba. Tener una mirada contemplativa sobre el texto, dejarlo «respirar», revisitarlo, escribirlo, hasta que me guste, o hasta que me duela, hasta que sienta que no tenía más que agregar, me ayudó a mirar a mi alrededor de manera distinta. Con la escritura pude ver y recorrer los caminos de la agresión, leer los mensajes sin dolor, volver a escuchar conversaciones incómodas y con eso perder el miedo. Una vez que desaparece el miedo, la vida vuelve a tener color.
¿Por qué elegiste el título Soreta!?
¡Soreta! es el nombre que le puso Lola, mi hija, y me pareció una genialidad.
¿Tuvo alguna influencia tu formación como abogada y magíster en políticas públicas en la estructuración de esta historia?
Tuvo todo que ver, mantener la rigurosidad cronológica de los hechos fue clave para sostener el relato y creo que para eso el oficio me ayudó bastante. Además, reconocí que tenía que encontrar una forma más sencilla de explicar los procesos judiciales, las perspectivas de las instituciones, los conceptos, la coyuntura.
¿De qué modo dialogan los temas de resiliencia, identidad y la maternidad a lo largo de las páginas?
«No normalizar la violencia» era como un mantra que me repetía mentalmente. Personalmente, me resisto a pensar que no tengo opciones, siempre hay una opción, vivir la vida sabiendo que siempre podés elegir a pesar de que el resto piense que en tu lugar no lo haría, te hace libre, imparable. No digo que funcione para todos, funciona para mí. Para mí, maternar ha sido el desafío más grande de mi vida, mi motor, mi premio. Le prometí a mis hijos ser siempre el lugar seguro donde ir y creo que lo cumplí. Creo haber educado con el ejemplo, creo que mis acciones hablaron por mí.
¿Qué buscás con este libro? ¿Qué esperás que descubra el lector?
Lo que buscaba con este libro ya lo conseguí: me saqué esta historia de encima y la convertí en un proyecto que me está devolviendo mucho cariño. Estoy disfrutando muchísimo este proceso de publicación y las primeras repercusiones de las personas de mi entorno que ya lo leyeron, y lo más lindo: estoy compartiendo esta alegría con mis hijos.
¿Algo más que te gustaría decir?
¡Los invito a leer Soreta! Y gracias.
