En el marco de las charlas sobre cadenas agroindustriales de Misiones, la Diplomatura en Comunicación Agroindustrial abordó la cadena de valor de la foresto industria de la provincia. El análisis partió de una pregunta central: ¿Cómo pasar de una producción de madera con bajo nivel de transformación a un sistema capaz de generar mayor valor en el territorio?
La charla, que se realizó el 12 de agosto por Google Meet, estuvo a cargo de Tabita Giménez. La disertante es diseñadora industrial, docente, coordinadora del Centro Tecnológico de la Madera de Misiones y jefa del Departamento de la Cadena Mueblera y Maderera del Ministerio de Industria de Misiones.
El ciclo es una iniciativa que impulsa el Círculo Thay de Periodistas Agropecuarios. En esta ocasión, el encuentro propuso una mirada que combinó territorio, producción, tecnología, actores y comunicación. El objetivo es comprender las oportunidades y tensiones que atraviesan una de las principales cadenas industriales de la provincia.
Un territorio marcado por la biodiversidad
Giménez partió su ponencia con datos sobre el territorio. Misiones, una de las provincias más pequeñas del país, presenta una particularidad: el 91 % de sus fronteras son internacionales y concentra una significativa diversidad biológica. En ese contexto, la provincia alberga selva paranaense, con alrededor de 1,1 millones de hectáreas protegidas de Mata Atlántica, según los datos presentados durante la exposición.
Giménez señaló que cerca del 95 % del bosque nativo de selva paranaense se perdió en poco más de un siglo. La foresto-industria constituye la segunda cadena industrial de valor de Misiones, después del conglomerado de alimentos. Según Giménez, el desafío no pasa solo por producir madera, sino por preguntarse cuánto valor se genera y dónde queda ese valor.
De los orígenes a la transformación

Durante la exposición se planteó que son dos los orígenes de la materia prima. Por un lado, la madera implantada, proveniente de plantaciones cultivadas bajo una lógica de producción planificada y renovable. Por otro, la madera nativa, asociada a especies propias del bosque autóctono y a una lógica que combina conservación y uso controlado.
Entre las especies implantadas, la diseñadora industrial mencionó el pino, destinado principalmente a celulosa y aserrío. El eucalipto, utilizado en aplicaciones estructurales y viviendas. La araucaria, vinculada con usos estructurales. El paraíso con buenas características para la fabricación de muebles. Y el kiri, de rápido crecimiento y en expansión. También destacó el potencial de especies como la grevillea para obtener madera de valor.
Mientras que las especies nativas de Misiones son el cedro misionero, peteribí y anchico colorado. Estas maderas se emplean para la fabricación de mobiliarios y elementos decorativos.
Cadena de valor en la industria forestal
Giménez señaló que la cadena de valor comienza en la producción primaria, con genética, viveros y plantines. Continúa con una primera transformación, en la que intervienen tecnología y conocimiento para realizar cortes y aserrado. Avanza hacia una segunda transformación, donde se incorporan procesos tecnológicos, mano de obra y nuevos productos. En esta etapa se fabrican multilaminados, papel y cartón, piezas parte de muebles en general, como patas de sillones.

El último eslabón corresponde a la transformación final, donde la madera se convierte en productos terminados, como muebles, componentes para viviendas o mangos de herramientas. Sin embargo, los datos que expuso Giménez muestran que existe todavía un amplio margen para avanzar en la cadena. Actualmente, el 73 % se comercializa como tabla, el 23 % como manufactura y apenas el 4 % como producto final.
El desafío de la foresto industria: sistematizar el salto de valor
Para Giménez, “la gran oportunidad es agregar más valor a la madera en la provincia y aumentar el porcentaje de producto terminados”. El desafío del sector es sistematizar la producción y los procesos de mayor valor agregado, la segunda y tercera trasformación. Esto implica profesionalizar más la actividad, incorporar tecnología y desarrollar productos que permitan avanzar de forma progresiva en la transformación.
Describió que las industrias forestales están asentadas sobre sobre las rutas nacionales 12 y 14, cada una tiene características particulares. “En la zona de la ruta 12 se trabaja con la madera implantada, altamente tecnificadas y mucha tecnología”, puntualizó.
En la ruta 14, conviven madera implantada y nativa, se identifican carpinterías y fábricas de muebles que aún necesitan avanzar en profesionalización y eficiencia.
Una cadena que funciona como sistema complejo
Para explicar la articulación de los sistemas y reconocer a los actores, Giménez expuso la teoría de sistema complejo. “Un sistema complejo es una totalidad organizada cuyos elementos se definen unos a otros y no pueden entenderse por separado: se comprenden en sus relaciones, no en sus partes”, indicó.
En ese marco, puntualizó que un sistema está compuesto por distintos actores, situaciones y organismos que interactúan. Aclaró que las partes son interdependientes y en sus relaciones hay retroalimentación. Desde esta perspectiva, el mapa foresto-industrial hace visible un sistema y reconoce sus dinámicas.
Tres escenarios para pensar el futuro de la foresto industria
Durante su ponencia, Giménez planteó tres escenarios posibles para la evolución de la cadena. El primero, denominado Inercia, supone seguir con una estructura en la que se venden rollos, tablas y celulosa, con escaso crecimiento del valor agregado en origen.
El segundo, Salto de valor, plantea avanzar en la cadena de producción. Comprende la remanufactura, el mueble, la construcción con madera, el diseño, la certificación y una mayor integración de los procesos productivos y logísticos.
El tercero, Bioeconomía, amplía la mirada sobre el bosque y propone considerar el valor de la madera, la biodiversidad, el carbono y los bioproductos. Este escenario requiere, a su vez, nuevos marcos para conservar y producir. “Tenemos que apuntar más a las producción estratégica, generar más valor agregado hacia mercado estratégicos y cuidar nuestra naturaleza”, sostuvo.
Comunicar para comprender el sistema
En el cierre, Giménez recuperó el papel de la comunicación como una herramienta para intervenir sobre sistemas complejos. Desde esta perspectiva, consideró que comunicar no significa solo informar sobre los actores de una cadena, sino hacer visibles sus relaciones, reconocer patrones, recuperar sus dimensiones históricas y ofrecer herramientas para comprenderlas.
“En una cadena donde territorio, biodiversidad, producción, tecnología, trabajo y mercado están vinculados, comunicar con claridad puede contribuir a orientar las decisiones sobre el futuro”, afirmó Giménez.
La apertura y cierre de la charla estuvo a cargo de la presidenta de Círculo Thay, Eliana Benay. Destacó la importancia de generar espacios de encuentro y capacitación en torno a las cadenas agroindustriales y sus desafíos territoriales.
Participaron de esta propuesta periodistas de Misiones y un invitado de Santa Fe, estudiantes, empresarios y alumnos de la Diplomatura en Comunicación Agroindustrial.
Foto de portada: Ada López.